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TheSpar Hellscream.

Begotten.


Begotten (1991) es la primera película de Edmund Elias Merhige, director que se hizo famoso por La sombra del vampiroNosferatu y que tiene como protagonista a Willem Defoe). La trama de Begotten es imposible de resumir, explicar o, incluso, entender satisfactoriamente. Las interpretaciones han sido múltiples y no todas coincidentes; las valoraciones, contrarias. Intentaré plantearla en su forma más elemental: la historia comienza en el interior de una cabaña, donde un extraño hombre, «El Dios que se mata a sí mismo», se mutila y destripa con una navaja de afeitar. Luego, una vez muerto y rodeado de sangre y excrementos, entra en escena una mujer, también extraña, que estimula sexualmente al Dios muerto hasta hacerlo eyacular, con cuyo semen queda embarazada y da a luz a «El Hijo de la Tierra». Y luego, madre e hijo son apresados, torturados, asesinados y descuartizados por un grupo de hombres vestidos con túnicas, mientras que el ciclo de la naturaleza concluye y vuelve a nacer. Resumir la trama es inútil y casi una herejía, teniendo en cuenta la importancia que tienen las imágenes y la atmósfera por sí mismas.

A diferencia del cine que estamos acostumbrados a ver, Begotten no tiene diálogos y está construida con una (aunque intencional) paupérrima calidad de imagen en blanco y negro. De esta manera, hace pensar en antiguas películas mudas mal conservadas. El sonido se limita a grillos, cascadas y una música que pone los pelos de punta. Todo esto contribuye a generar una atmósfera que por un lado asfixia, pero que por otro obliga a mirar ininterrumpidamente. Esto no es un dato menor, ya que en el género fantástico la atmósfera es uno de los elementos más importantes, de la que depende muchas veces la calidad de la obra. Así lo afirmó un maestro del género, H. P. Lovecraft, cuando escribió: «La atmósfera, y no la acción, es el gran desiderátum de la literatura fantástica»[1]. Lo mismo puede decirse en relación con el cine. Y Begotten logra construir esa atmósfera a fuerza de imágenes descarnadas y aberrantes, combinadas con sonidos certeros carentes de palabras.

Como dije, las interpretaciones y las valoraciones de la película han sido múltiples. Tal vez la interpretación más «aceptada» sea la que habla de una simbolización de la Creación del mundo, de la violencia instalada en él y de la indefensión del hombre (interpretación que se vería reforzada por los nombres mismos que reciben los personajes y que se dan conocer en los créditos finales). Con respecto a las valoraciones, como siempre están los que hablan de una joya cinematográfica y los que afirman que se trata de una reverenda porquería. Más que dar una opinión, no hay nada que pueda hacer para dirimir la cuestión: honesta y personalmente, me pareció una verdadera joya, que golpea, perturba e inspira.




La imagen como construcción de la historia


En fin, una película como ésta permite pensar el cine desde otra perspectiva, independiente de cualquier otro formato. Lo esencial del cine es el trabajo con las imágenes, y a veces no nos damos cuenta cómo estas imágenes están relegadas a un segundo plano por la preponderancia de la historia y de los actuales efectos especiales (que nada dicen y, a esta altura, aburren). La imagen debe construir significados y ser significado ella misma, sin necesidad de recurrir a otros lenguajes. Con esto no quiero decir que la historia no sea importante o que todo cine deba ser mudo, al contrario, lo que afirmo es que en el cine la historia (que siempre es lo más importante) debe construirse con imágenes más que con otra cosa (como la literatura debe hacerlo con palabras, más que, por ejemplo, con ilustraciones). En todo caso, lo que hace Begotten, justamente al prescindir del lenguaje de las palabras, es llevar esto hasta el extremo. Por esto mismo, Begotten no podría ser un libro ya que, salvo el breve texto introductorio, no hay en ella ningún lenguaje fuera del que establecen las imágenes y los sonidos.

Para muchas personas, todo aquello que represente un ejercicio intelectual tiende a aburrir. Por eso, no faltará quien diga que Begotten es aburrida... Y bueno, decir eso es caer en la idea de que toda película tiene que servir para distraer. Hay películas que sirven para eso (¡y a Dios gracias que las hay!), pero podemos concebir un cine diferente para diferentes momentos de la vida, un cine que nos permita pensar a partir de imágenes y que nos haga entender que lo que tenemos adelante es algo único que sólo puede ser como es. Begotten solo puede ser lo que es: Begotten.


[1] Lovecraft, Howard Phillips. El horror sobrenatural en la literatura. Buenos Aires, Leviatán, 1998, p. 113.


Chutense la pelicula cabrones!.

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